jueves, 1 de octubre de 2009

La Corte desbordada



Ibagué, Colombia - Jueves, 01 de Octubre del 2009


FRANCISCO JOSÉ MEJÍA
Los colombianos estamos asistiendo a un golpe de Estado disfrazado, pero tan contundente como los tradicionales. Esta ruptura constitucional proviene de la Corte Suprema de Justicia. La Corte dejó de lado hace tiempo su misión constitucional de administrar justicia al más alto nivel y se dedicó a hacer oposición política. Se ha salido la Corte de los cauces constitucionales constituyéndose en una especie de cañón suelto que dispara sus cargas de profundidad contra nuestra democracia dejando en su camino muchas víctimas de su odio visceral.

Cada proceder de la Corte es más audaz y temerario que el anterior; cada vez se mancilla más nuestro Estado de Derecho. Hasta el más terrible criminal tiene derecho a que se le respete el debido proceso y la seguridad jurídica, valores estos que han sido vilipendiados por la Corte al cambiar de jurisprudencia y además hacerla retroactiva en cuanto a su competencia sobre los congresistas que habían renunciado a sus curules para acceder a la doble instancia. No acabábamos de salir del asombro por tan artero ataque al ordenamiento jurídico cuando la Corte se ha pronunciado, ya con sevicia, diciendo que los acusados por parapolítica, es decir por recibir supuestos beneficios electorales de los paras, también serán condenados por crímenes de lesa humanidad. ¿Qué pasara por las mentes de estos impostores de la justicia? Tal vez, evocando a Laureano, quien se asome a su alma verá que allí asustan.


En Colombia, hay tres actores confabulados contra el Gobierno que están destruyendo nuestro Estado de Derecho. Ellos son la mafia, algunos sectores de la oposición y la Corte Suprema. El siniestro aparato funciona de la siguiente manera: Para que una justicia politizada proceda a judicializar la política, necesita de un cómplice acusador, este lamentable papel lo han hecho algunos opositores, pero el más conspicuo ha sido Germán Navas del Polo. Este contubernio malévolo ha dado resultados como la deplorable investigación que abrió la Corte sobre los representantes que votaron el referendo. Por el lado del maridaje mafia-Corte Suprema, la situación es peor, los paramilitares extraditados juraron venganza al presidente Uribe, por ser el único Presidente que se ha atrevido a enfrentarlos y desmontar sus estructuras criminales, y en ese propósito hacen causa común con la Corte. De tal suerte que se pretende enviar a Estados Unidos al magistrado Velásquez, para que preparen, conjuntamente con Mancuso y compañía, la venganza prometida. De este descarrilamiento de la justicia solo queda dolor, injusticia e impunidad como puede constatase con los casos de la FARC política.


El Tolima ha puesto su cuota de dolor en esta ruptura constitucional. El senador Carlos García está injustamente detenido por el falso testimonio de unos bandidos que desde la cárcel extorsionaban a funcionarios y políticos bajo la amenaza de sus testimonios, que tanta credibilidad merecen para la Corte Suprema. Carlos, como muchos otros, es un preso político como los hay en Cuba o en Venezuela, hecho este que avergüenza nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho. Hace poco, la Fiscalía absolvió al ex congresista Gonzalo Garcia, quien había sido acusado por los mismos testigos que señalan al senador García, lo propio le corresponde hacer ahora a la Corte Suprema, si es que queda algo de sindéresis, decoro y decencia en ella. El tribunal de la historia, en cuyo crisol se cristaliza la verdad prístina, absolverá a Carlos García y será implacable con la corte que quebranto nuestro Estado de Derecho cubriendo de dolor y desesperanza a tantos inocentes y sus familias.

No hay comentarios: